Normalización de la violencia en televisión
La televisión es, sin lugar a dudas, una de las grandes ventanas a la “realidad” que el ciudadano de a pie tiene en la realidad. Sin entrar a valorar si esto es bueno o malo, que habrá opiniones para todos los gustos, si que parece indiscutible que en todos los hogares la presencia de la televisión es fundamental, y que todos en mayor o menor medida dependemos de ella para ocupar parte de nuestro ocio, ya sea intentando informarnos o simplemente por mero entretenimiento.
Por ello, y dado que es algo al alcance de todos los públicos, se ha intentado desde siempre desde asociaciones de consumidores y diferentes estamentos profesionales, advertir sobre la necesidad de regular su contenido por parte de las autoridades competentes y sobre todo de regular su uso por parte de los propios ciudadanos, sobre todo en lo que respecta al uso de ella que pueden realizar los menores.
Así, parece evidente que una de las consecuencias más claras de la popularización de la televisión y de la apertura de mano en los contenidos que pueden o no emitirse, está la presentación de la violencia como algo cotidiano, como algo con lo que convivimos de una manera diaria y que tiene su reflejo en la ventana que es la televisión. Violencia de género, ajustes de cuentas, palizas nocturnas, en el deporte, en la calle… un mero vistazo a un telediario cualquiera o a muchas de las series y programas ofertados por las cadenas, presentan la violencia en tantas formas y maneras diferentes que, inevitablemente se está produciendo una normalización de la misma, no causando ya apenas efecto al televidente la contemplación de algunas imágenes que, por si mismas, ya podrían servir para causar recelo o escándalo.
¿Qué se puede hacer frente a esto? Por supuesto nadie habla de censura pero sí de una regulación de lo que puede o no puede emitirse en televisión y, sobre todo, de una vigilancia por parte de los padres y tutores de los menores para evitar que este tipo de imágenes, al igual que otras que pueden influir negativamente en la educación de un menor, sean controladas y administradas siempre con la figura adulta al lado.



