Un anuncio. Una puerta abierta al consumo excesivo: la alimentación infantil
Nos encontramos en una época en la que la defensa a la infancia parece haberse convertido por fin en una prioridad para todos los estamentos de la sociedad. Así, es cada día más frecuente encontrarse en medio de polémicas que afectan a todo tipo de productos susceptibles de ser consumidos por nuestros hijos, en algunos casos, pese a la existencia de un sistema de clasificación por edades (como es el caso de los videojuegos o el cine). Por otro lado, la más que justificada preocupación de los padres ante fenómenos globales como pueden ser internet o la televisión, ha puesto sobreaviso a las autoridades, las cuales parecen haber situado la defensa del menor en un puesto fundamental del debate político.
Sin embargo, toda esta corriente de opinión (potenciada en más de una ocasión por noticias lúgubres sobre abusos infantiles, pederastia o casos mediáticos como el de Madeleine), no parece haber alcanzado a uno de los puntos fuertes de la sociedad moderna, uno de los pilares básicos del consumo y, por tanto, del día a día del menor. Estamos refiriéndonos a la publicidad, al mundo de la publicidad tanto en televisión como en los diferentes medios de comunicación.
No es la primera, ni la última vez, que se reflexiona sobre los peligros de la publicidad y sus efectos nocivos en el menor. Podría abordarse este tema desde un sin fín de puntos de vista, pero hoy nos vamos a centrar en el que se refiere al problema (cada vez más importante) de la alimentación infantil. 
Así, del mismo modo que la publicidad crea hábitos de consumo que inciden directamente en la aceptación social del menor ( necesidad de tener móvil, de tener el último artículo del mercado o vestir a la moda), también influye de manera fundamental en la alimentación de nuestros hijos, provocando "necesidades" y promoviendo el consumo de productos no del todo beneficiosos.
Se argumenta por parte del sector alimenticio al que hacemos referencia, que es obligación de los padres y educadores del menor ser los garantes de una correcta alimentación y que este tipo de comidas no supone, en sí mismo, ningún peligro para la salud. Sin embargo, la presencia masiva en la publicidad de productos con ingredientes nada recomendables (excesos de azúcares, calorías..etc), potencia el consumo excesivo en el menor en detrimento de otros alimentos más sanos e interesantes. ¿Quién no ha visto en el recreo o salida del colegio a un número importante de niños con bollería industrial en sus manos, por ejemplo?
¿Cómo defenderse del peligro de la publicidad? Este es un tema en el que las autoridades deberían entrar de manera clara y contundente. Si existe un sistema de clasificación por edades...¿por qué los anuncios son para todos los públicos? ¿Cómo proteger al menor del acoso publicitario?
Desde diferentes ámbitos y asociaciones de defensa del menor, se llevan a cabo campañas periódicas alertando sobre la necesidad de una correcta alimentación, sobre los peligros del sobrepeso en el que un gran número de niños están moviéndose desde una edad temprana. Términos como "dieta mediterránea" son cada vez más frecuentes en nuestro vocabulario sin que, de manera eficaz, logremos inculcar en nuestros menores la necesidad de huir de la publicidad, huir en la medida de lo posible de los alimentos cada vez más expuestos en televisión, cine etc.
No se trata, como es lógico, de eliminar este tipo de productos que, en un consumo razonable, no resultan perjudiciales para la salud del menor. Se trata de compensar y ajustar su consumo a un ritmo adecuado y a situaciones determinadas. No es de recibo las cifras de consumo de bollería industrial, hamburguesas y las populares chucherías (por citar algunos casos) que se dan en nuestro país.
Una nueva y eficaz política publicitaria y el innegable control que los padres han de ejercer sobre los hábitos de consumo de sus hijos, parecen algunas de las soluciones posibles a este mal generalizado. Esperemos que las autoridades tomen buena nota del problema y se pongan manos a la obra.

